Abîme de lumière,
Tu seras mienne
Ou tu ne seras pas.»
Achille, lame de fer,
Prince prodigue de mort,
Endure ces vers
Dans le bruissement dune forêt,
Dans le clapotis des vagues,
Dans le vol dun aigle.
Belle Penthésilée,
Reine des Amazones,
A la tête de son armée,
Femmes de métal parfumées,
Honore un pacte antique
Avec les fils de Troie.
Les armes sous le soleil
Charment la lumière
Et luisent la mort,
La force de la haine
Flue dans les corps
Et aveugle les esprits.
Le sort, fils de lEnigme,
Offre la reine au prince,
Sa chevelure en main,
Elle nest plus quun pantin
Que le Grec jette à terre
Dans la fête de la guerre.
Le fer rude hurle
Qui traverse larmure
Et dévore sa chair,
Mais son regard draine
La magie des étoiles
Et frappe le héros.
Le coeur transpercé
Dune lumière obscure,
Achille dresse son glaive
De chair et de sang
Et lui défonce
Son antre secrète.
Son sexe, son dard
Perfore ses organes,
A peine lubrifié
Par le sang de la reine
Qui coule des entrailles
Et souille ses cuisses.
La tête de la reine
Ancrée sur le sable,
Chaque coup de reins
Force sa nuque
Et ouvre sa bouche
Muette de sang.
Triste Penthésilée,
Les membres écrasés
Sous le corps exsangue,
Endure lamour du prince
Qui lui cloue ses crocs
A la manière des fauves.
Entre ses serres Achille
Torture la beauté
De ces nobles seins;
Une ultime secousse
Et le héros beugle
Enfin sa jouissance.
Le Grec se retire
Du cadavre inerte,
Le membre lourd de sang,
Sous les regards
Noyés de nausée
Des hommes écoeurés.
Quimporte la piétaille
Pense lhomme de légende,
Le Poète ne cisèle
Des chants que pour Lui,
Grand parmi les grands;
Les humbles meurent dans lOubli...
Noirs yeux de nuit,
Abîme de lumière...
Bruxelles, octobre 2006.
TRADUCCIÓN -----------------------------
LOS VERSOS OCULTOS II
(Los verdaderos amores de Aquiles)
«Negros ojos de noche,
Abismo de luz,
Serás mía
O no serás»
Aquiles, hoja de hierro,
Príncipe pródigo de muerte,
Aguanta esos versos
En el murmullo de los árboles,
En el chapoteo de las olas,
En el vuelo del águila.
Bella Pentesilea,
Reina de las Amazonas,
Encabezando su ejército,
Mujeres de metal perfumadas,
Honra un antiguo pacto
Con los hijos de Troya.
Las armas bajo el sol
Seducen la luz
Y relucen la muerte,
La fuerza del odio
Fluye en los cuerpos
Y ciega las mentes.
El destino, hijo del Enigma,
Ofrenda la reina al príncipe,
Su cabellera en la mano,
Ella no es más que una muñeca
Que el Griego arroja al suelo
En las fiestas de la guerra.
El duro metal aúlla
A través de la armadura
Y devora su carne,
Pero su mirada arrastra
La magia de las estrellas
Y golpea al héroe.
El corazón atravesado
Por una oscura luz,
Aquiles irgue su otra espada
De sangre y carne
Y le revienta
Su secreta guarida.
Su sexo, su dardo
Perfora sus órganos
Apenas lubrificados
Por la sangre de la reina
Que brota de sus entrañas
Y mancha sus muslos.
La cabeza de la reina
Anclada en el arena,
Cada golpe de cintura
Quebranta su nuca
Y abre su boca
Muda de sangre.
Triste Pentesilea,
Los miembros aplastados
Bajo el cuerpo exangüe,
Padece el amor del príncipe
Que le clava los colmillos
Al estilo de las fieras.
Entre sus garras Aquiles
Tortura la belleza
De esos nobles pechos;
Una última sacudida
Y el héroe muge
Por fin su goce.
El Griego se retira
Del cadaver inerte,
El miembro cargado de sangre,
Bajo las miradas
Inundadas de náuseas
De sus hombres asqueados.
¡Qué importa el vulgo!
Piensa el hombre de leyenda,
El poeta sólo cincela
Versos para Él,
Grande entre los grandes;
Los humildes mueren en el olvido...
«Negros ojos de noche,
Abismo de luz...»
Bruselas, octubre 2006
|
Imprimir |
Enviar poema |
