En una pampa lejana donde se siembra sandias
vieve el hombre que me adora, sin saberlo todavía.
Tiene los brazos muy fuertes y un varonil porte moro
que desde siempre lo sueño y no sabe que lo adoro.
Hoy divisé sus perfiles desde mi centro vibrado,
imaginé sus dos manos cuidando todas mis flores,
entrando luego a mi vida tan insulsa y silenciosa.
Hoy se quedaron grabadas en mi mente muchas cosas,
su semblante, los paisajes, su piel aspera, olorosa.
En las faldas de mi cerro junto al rio de mi pueblo
esperando está dichosa la esperanza y la alegría
que alimenta en fantasía su presencia misteriosa.
Maidu Machado
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