


| Escritor: | juan |
| Públicado: | 31/03/2008 |
Nos vieron nacer nos inspiraron una nueva muerte, un nuevo amor, sin importar las huellas de los años. Acaso fuimos tan ingenuos que no reparamos en esa sangre impura contaminada de rastros de luna. Somos prisioneros del aliento que una vez provocó el recelo imperioso de la estrella disfrazada de diamante, faz del dios oscuro que una vez más nos ofende. La daga marca el retorno, el deseo que ayer inspiró la falsa devoción al ídolo que aún cabalga en la noche de estío imponiendo el velo que resguarda de la inquietud por todas las razones que no impidieron hacer de nuestras voces figuras posibles, atenuadas, sin importa el terror provocado por un pensamiento recurrente en el vació de la noche Tensa ingratitud como nieve que las aguas del tiempo no reducen
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