


| Escritor: | juan |
| Públicado: | 05/11/2009 |
Como espuma que hierve, como sangre que resbala por el ojo del deseo, la ficción de mí que más amo me reclama viejas deudas ya reducidas en la pared del musgo eterno. Los santos pulen las escorias mientras el tiempo palidece tras la cortina de silencio. Los perros ladran sin cesar. Los niños lloran y no hay quien mitigue el chillido de las viejas solitarias que cada tarde rondan la casa maldita donde anidan tantos recuerdos.
Bien podrían quebrantar la complicidad de todos, por las cosas perdidas en los lugares donde la locura hizo trizas la fiel espera del amor, caprichos mudos, pues temen el alarde de la rosa en tiempo brumoso, cuya complicidad no sostiene el peso de un deseo. Pobre ilusión de madre sin hogar ! Pobre de mí, de mi tardanza, ya que la oscuridad no redime el pensamiento irresoluto que los desaparecidos imprimen en el paisaje.
Los lugares santos reprimen su cólera entre lanzas o cabelleras al viento postergando la canción de los caminantes heridos por el día, o por la noche, que se hincha por las culpas acumuladas. La espera me consume, mientras el odio crece junto al renacer del amor, trampa posible de ser redimida en la fuente que calma la sed del salvaje compasivo; pero la séptima hija del sol me niega su atención. Las miradas se hielan, los labios se consumen en un beso, mas no hieren sus corazones furtivos, pues mis pensamientos escapan, cabellera al viento, libres de razones pueriles, sospechosamente unidas a esos ojos de lagarto acobardado, arrastrando su vientre por la tierra calcinada.
Algunas hojas podrían herir mis labios...
Contando las palabras me distraigo en la pradera donde todos los colores palidecen.
|
Imprimir |
Enviar poema |
Enviar a Facebook |


