LA PESADILLA DEL ESPEJO ROTO

La Pesadilla del Espejo Roto
Siete soles después del primer desencuentro se libró la segunda batalla.
Ella lo fue a buscar al nido y lo arrastró en una ola gigantesca hasta su refugio.
 
La Emperatriz se quitó su túnica y lo vio enmudecer bajo su sombra de hembra,
lo besó del pie a las entrañas y a ella se le humedeció hasta el espíritu.
Lo desnudó de escamas,
luego jugó con su lengua en pleno centro del misterio
que él guarda entre sus aletas y le bebió toda su savia de bestia
hasta que el Hipocampo perdió el lenguaje  y ya no pudo articular palabra.
 
Al octavo sol él la rompió en mil espejos
bajó a garras de su pedestal
y se perdió en la neblina fría de esta ciudad culpable.
 
 
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