La Orestia Invisible III

Por: Danilo Illanes Bustamante

 

 

III

 

Amanece. Se adivina por donde saldrá el sol:

el pequeño pasajero diurno se aproxima al bullicio
que hay detrás de la estación del viejo tren.
Cierra la boca, avanza y, se refrena.
En una mano su herramienta,
en la otra, el soldado de plomo.

 

Atrapado en el horizonte sonríe desgarradoramente feliz
mientras la jornada lo caza. Traslada su fortaleza en un morral:
Se viste de grande
Se calza de fuerte
Se agiganta.
Entre penumbras, se ajusta el cinturón.
Los laberintos le insisten y se enciende la llama... Sonríe.

 

¡A trabajar!
Alguien le niega la existencia.
Su voz en alfabeto intermitente, asalta
todas las voces… Enmudece.

 

 

Convertido en ángel,
pallaquea sus ilusiones

 

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