Compadre, compadre, la niña se ha ido, sus trapos, sus libros los ha recogido, y hasta viejas revistas de bellas modelos las lió en un hilo y al hombro cargó. Compadre, tan sólo una niña, que sabe de vida, que sabe de amores, me aterra, me asusta, que de sin sabores se llene el vivir, y entonces sienta que no vale la pena su triste existir. Comadre, mi amiga, no sufra, no siga, ya no es una niña, si usted la ve bien, su cara, su cuerpo y hasta su vaivén, son de fémina adulta, son ya de mujer. ¿Como que mujer? sin tan sólo antielito de parto moría, cuando aquella tarde lluviosa de mayo, con intensos dolores, pujando sin tregua yo la paría. El tiempo diluye su avanzar en nosotros parece no andar pero si nos miramos, muy bien al espejo, nos veremos viejos y comprenderemos que aquella niñita de trémulos labios, de larga pollina, de delgadas piernas, se volvió mujer, hace largo rato. Usted no lo entiende compadre, mi amigo no es juego que digo, la niña se ha ido. Esperó saliera aquella mañana, y a ignotos lugares, a otras ciudades se me ha escapado. No escapó comadre, tan sólo ha volado, estira sus alas recién estrenadas, dejando su nido, bogando muy alto, mirando parajes buscando otros sitios donde aterrizar. Su sangre irreverente, no acepta barreras y nuevos mundos ha de conocer. Y si encuentra un lugar como el atrás dejado con el mismo calor de su viejo nido, parirá su prole, y allí estará usted, henchida, orgullosa, dando gracias al cielo, por aquella mañana cuando la niña al viento sus alas estiró.