La matanza (desde un mundo subterráneo)

 

Pero yo lo vi acurrucado entre cartones viejos
y hediondas prendas rojas.
Él me miró siempre con su ojo izquierdo
y un camino derribado crujió silvestres cantos
de zampoña
que iban cayendo por debajo de las piernas y la piel
de una iguana enceguecida por el trigo.
Dos hombres temblaban cerca al pozo
y una de sus mujeres miraba el cielo pálido
mientras la luna turbulenta y celeste pregunta por sus cuerpos.
Ni una voz
ni el bramar de un murmullo,
derribados por el estupor de sus frentes sudorosas
tocaron sus dedos
y se ataron al olvido.


 

Paolo Astorga

www.paoloastorga.pe.kz

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