LA IRA DEL DIOS

Categoría(s): POEMA

La noche crece, sobre una alfombra de polvo y tierra desnuda,

El fuego danza como una odalisca con el cabello suelto.

 

 

Alguna vez descendió el dios entre los mortales

Para deslizar los mantos y alborotar las flores.

 

Forma un huracán con sus suspiros

Y al hollar los caminos hace temblar la tierra.

Vio a lo lejos una choza y el humo de una chimenea

Y caminó hasta ella robando las manzanas de la tarde.

 

A través de una ventana abierta vio al hombre inclinado

Sobre el seno de una mujer, vencido por el silencio, agobiado por el éxtasis

Con las manos formaba una mariposa sobre la piel desnuda

Y la mujer era una rosa de luz o una gota de rocío.

 

Imaginó el dios los terrores del frío y de la oscuridad

Cuando el tiempo se convertía en arena o en agua

Pensó en la distancia y en la tristeza

Entonces sopló sobre las lámparas y todo se hizo azul.

 

Escuchó la palabra amor surgir de los labios del hombre

Mientras la mujer deletreaba vida, corazón y alma

Sobre el vasto lecho se posó entonces una nube

Y el dios descendió sobre ellos como una clámide de lino.

 

Quiso sentir el estremecimiento de los miembros

Experimentar el rubor de la faz sudorosa

Respirar el cálido perfume de los senos erguidos

Y rozar con su aliento la curvatura del cuello donde palpitaba una arteria.

 

Pero nada podía sentir, sus manos eran de humo,

Su voz era un aullido, sus ojos eran dos cisternas vacías.

Entonces invocó al viento, clamó por la presencia de la tempestad

Y lanzó venablos de fuego contra la choza.

 

La ira del dios destruyó los aposentos donde hombre y mujer

Disfrutaban de un placer vedado a las entidades fantasmales

Y al ver las cenizas acumuladas sobre los caminos de las hormigas

Lanzó un anatema contra las terrestres criaturas vencidas ya por la muerte.

 

El viento arrastró los residuos del holocausto y los lanzó al vacío

Los cuerpos inmóviles de hombre y mujer habían sido

Engullidos por las tinieblas, en tanto el dios era una gota de ámbar.

 

El dios se quedó solo y en silencio se elevó sobre las crestas desnudas

De los montes que en la distancia, parecían dos cuerpos desnudos

En actitud de entrega.

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