La hoja aquella, donde va escrito tu nombre, Va dedicada a un poeta que no sabe mirar al mundo, que no sabe inventar las alas para derrotar al cielo. Entre sus manos, ella baila, al ritmo del amor que nutre a su huesos, en su mirada ella pasea, con el descaro que tiene el viento al rozar todas las pieles, y sobre su cuerpo ella descubre al calor que desbordo el infierno. Y el alma imberbe toca a la hoja aquella, pero no encuentra tu nombre, mas bien encuentra nostalgias, mas bien encuentra tu sangre. Y se encendió la hoja aquella, como un bosque perdido en el universo, como la boca sin besos, como el mar que acudía de las nubes. Y se encendió la hoja aquella, y el muro de rosas y horizontes se ha vuelto gris, pero no se enciende tu nombre, mas bien se encienden tus ojos, mas bien se enciende el olvido, mas bien se enciende el poeta