


| Escritor: | juan |
| Públicado: | 25/09/2007 |
Caminaron solos al amparo del silencio.
Midieron cada paso, el corazón destrozado
cabizbajos entre ruinas de juncos malolientes.
Sólo sus restos ennegrecidos pautan sin permitir el desasosiego
en la ruta donde limitan febril los ausentes.
Qué tanto asedian por los restos de un naufragio previsto
hiriendo los pensamientos de todos los infortunados
que cruzan por mi puerta.
Pensamiento que hiere como golondrina al acecho
murmullo que crece como cruel multitud de aves de rapiñas
sin fondo apacible, pues se derrumba a cada paso
él, torpe vislumbre de un alma en pena.
Los jardines se burlan de la incierta multitud
cosas sin vida, sauces moribundos
tregua imposible de sostener por lo insufrible de todo aquello
que no pauta entre sonrisas fugaces debilitadas por el odio
Siempre me inquietó el recelo de los pocos sobrevivientes
del bosque o de los mares cándidos
que bullen en la guedeja de soles sin rostros.
Qué flor presume de inocente
Qué dama provoca el desprecio del corazón presa del recelo...
Me resisto a ver la tristeza en sus rostros
cuando la noche pule sus miradas y consume mi inocencia
Todo en vano
pues en el fruto siempre acecha la presencia del gusano
o los muertos, que apenas se sostienen en el eco de las plegarias...
Roce inútil de una presencia extraña
me hostigan al amanecer, rozan mis pies
muerden mi carne impura, contaminada por los años.
Siguen por los senderos
donde ciudades fantasmas una vez florecieron
provocando el fascinado vuelo de la esperanza
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