Antes de que los tibios rayos del sol surquen mi aurora y este frio otoñal se estacione en mis venas, quiero situarme en el centro perfecto de las cosas sencillas que tú puedes ver; ver por ejemplo tu corazón entre llamas cuando por causa de mi indolencia es incendiada, oír aún en tu silencio que de continuo me hablas callada, percibir en tus palabras el mensaje que de ti proceden francas, descubrir el secreto de todos tus miedos que en ti siempre guardas, de tus ojos, de tu tez, de tus cabellos, de tu ser, en fin de todo lo que encierra tu mundo de las cosas sencillas que tú puedes ver. Puesto que las sombras de la noche han cernido mis cielos y este frio otoñal carcome con ansias mis huesos, hoy solo me queda esperar paciente el refulgente centelleo del alba.
Isaac Vigo.
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