A veces pienso
que al final del túnel he llegado,
después de haber cometido
todos los excesos,
después de haber sido desgarrado
y mordido por angelicales vicios,
cometí el vicio de amar
y entorpecer como los enamorados,
como los nostálgicos
que arrojan la mascara de la libertad
y colocan en un altar la del pecado,
y temine siendo el pecaminoso desauciado,
el victimario que es victima de su propio juego
y mis bestias milenarias se revelaron,
me culparon de cobardía,
de intentar camuflagiarme entre los rios
y dijeron "para los cobardes sólo existe un sitio,
la espiral de la soledad".
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