


| Escritor: | entrelineas |
| Públicado: | 25/09/2008 |
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Una noche de luna sin paz, en un barrio desierto, unos pasos se arrastran al único bar que hay abierto. El gaznate seco y un temblor de manos sudorosas, ojos sin expresión y arrugas, aveces, hasta hermosas. En el pelo una flor sin color, muerta por los olores a cerrado, a tabaco y a alcohol (mezcla de sin sabores). Arrastra un taburete, se sienta y pide el peor vino, apoyada en la barra del bar va bebiendo su olvido. "Dolores, venga, voy a cerrar..." le dice el tabernero; pero eso, a ella le da igual, tiene otro vaso lleno. La persiana le grita al bajar, pero ella no la escucha. Se limita a beber y a fumar... libra su propia lucha. Vuelve a casa borracha, midiendo el ancho de la calle. Cuando llega al portal rebusca por el bolso sus llaves. Logra entrar, sube mal, ya no está para darse estos trotes... y recuerda que antes era igual, pero más al galope. A tientas no consigue encontrar su camastro de plumas. "Nunca debí salir de aquel bar..." le confiesa a la luna. De un traspiés topa con el somier y, sumida en desvelo, mira al techo esperando a que baje el amor verdadero. Pero se ha dormido sin querer... mañana es un día nuevo.
Otro día que amanece igual a ojos de la Dolores. Pone la radio para escuchar las mismas dos canciones y recuerda como fue el partir del amor de su vida antes de tener el pelo gris y un higado en ruinas. Se oyen pasos por las escaleras y sus ojillos brillan. Deja en le fuego la cafetera y se muda a la mirilla... pero es Juan,el vecino de arriba, que se va para el tajo y su mundo vuelve a ser como antes: despojos y pedazos. Un chorrito de whisky al café (el alcohol que ma penas) Un par de cigarritos después y un rato de novela. Sabe que no es la misma de ayer, no es aquella chiquilla y haciendo gala de su mal perder se levanta de la silla para tragar pastillas que arrastran los ríos de vino que corren garganta abajo el fatídico camino que de un profundo sueño deja a dolores en cinta de una muerte anunciada con lágrimas de sangre y tinta. Y la vieja clava su mirada inerte en el techo, sólo falta una flor desgastada que duerma en su pecho. Sus vecinos, ante el mal olor, derribaron la puerta y encontraron, sobre su colchón, a la Dolores muerta... Se olvidó de comprar un billete al infierno de vuelta. |
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