La desdichada
En esta boca trémula ha sonado a campanadas tu nombre e inyectado el desamor su agravio directo al silencio, y ferozmente, con tu amor inagotable, has besado los besos con que jamás te he querido.
Solo tú cultivas con asaltos y lágrimas (en silencio) la desdicha de que me ames y de otra sea el amor que yo tengo; tú, que enmudeces y agotas la primavera de mis años, como para que nunca sienta que tus pasos, desesperados y quietos, me siguen como al amor los enamorados y de pie te halle con sabor a fruto y a sexo desbordante.
No es silencio el que te muerdas los labios y te duermas derrotada por el lado equivocado de mi cama. Tengo palabras que no quieres o no escuchas, más allá de los versos y la prosa y donde quietud es tu cuerpo desvestido que transcurre con sus pechos por el ansia de mi vacío.