


| Escritor: | Abiram |
| Públicado: | 17/01/2008 |
El primer día creé yo mis cielos y mi tierra, y mi tierra no estaba vacía, y mis cielos no eran azules, ni las nubes blancas sino grises; de ese cielo cae aún en mi vida la lluvia, la que sana, la que llora, la que limpia, la que hace nuevas las cosas y sentí que era bueno
El segundo día abrí los ojos y noté que no había luz, que los colores eran una ilusión y que solo la imaginación y la eterna infancia podrían hacerme distinguir el negro del blanco, el verde del rojo y el azul del cielo sobre el azul del mar, asi que me volví niño y sentí que era bueno
El tercer día note mi soledad y encontré belleza en los animales, los que se parecen a mi y los que no, y de cada especie y raza aprendí de sus costumbres e instintos; aprendí a sobrevivir y a cazar a la cría de la manada ajena para poder comer y no morir y sentí que era bueno
El cuarto día cree las plantas, las fragancias y los aromas, y dibujé sobre el alimento combinando los colores; y probé hasta definir mis gustos aprendí de los tallos, de la sabia y la semilla y sentí que era bueno
El quinto día hice vibrar la tierra y separé el ruido de la música, y a cada animal o planta le asigné un sonido, a cada color, a cada aroma y a cada fragancia; y sonó el mar en Do y el cielo en Sol y encontré que cada una de las cosas creadas entre el cielo y la tierra podían hacer una armonía mayor o menor; escuche a la tierra cantar y a las estrellas reír, creé la armonía perfecta y sentí que era bueno
El sexto día cree el amor y el odio, y corrompí la tierra y separé lo justo de lo injusto, lo blanco de lo negro, la paz de la guerra lo dulce de lo salado, a los animales según su especie y a los hombres según su raza y su credo, a las putas de las vírgenes, ejercí poder sobre las clases y sentí que era bueno
El séptimo día envejecí y lloré; tanto lloré... lloré tanto por lo que sentí que era bueno que arrugué las hojas en las que escribí mis poemas, rompí los planos con los que creé mis cielos y mi mar, olvidé las fragancias y los aromas y no pude escuchar más a la tierra cantar y tomé en mi mano una canción para destruir el alma y con papeles destrozados en el piso y sin una lágrima más que botar . Descansé
La Creación Abiram Brizuela
|
Imprimir |
Enviar poema |


