ISLA NEGRA

Cántaro de agua, piedra canteada

 

por qué quizás alfarero. Allí,

 

entre medio del hechizo marino,

 

caracolas, árboles, botes y

 

mascarones que recorrieron

 

el mundo entero,

 

tú recibiste la magia

 

de la poesía.

 

 

Fuiste parte de ella, encumbró

 

en un ave mensajera,

 

se elevó hasta lo más alto

 

del cielo, y volvió a bajar

 

más de una vez, en un

 

juego interminable

 

que se hacía en su boca,

 

atado a la tierra y a sus raíces

 

en un pequeño cáñamo de mar.

 

 

Era un tejido, una red que se creaba

 

un cántico de admiración

 

a su morador ya ido.

 

 

La soledad y un portón encadenado,

 

fueron testigos de

 

que la poesía nuevamente

 

quería expresarse...

 

 

El alma de Neruda volvía

 

en el juego de la avecilla.

 

El cántaro fue su hogar.

 

 

 

 

Carlos Muñoz

 

Isla Negra, 1986

 

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