


| Escritor: | Doret |
| Públicado: | 18/11/2008 |
La mañana creada por arquitectos ingeniosos, los ojos hinchados de no abrirlos, la boca seca y un poco ácida, la mesita de luz instalada de la misma y tonta manera, sobre ella el vaso de agua dejada en la noche, por si las dudas daba sed. Sobre la primera luz del amanecer, un ojo espía curioso el entorno; y sobre la mesa de luz, todavía el vaso de agua intacto, pero esta vez con burbujas, una fiesta de burbujas en el inmovible vaso con agua. Y la mayoría de los hombres llamarían a esto el paso del tiempo. Pasó una noche más y es una nueva mañana. Sin embargo, el ropero aun contiene la ropa mal doblada y sobre los pies quedó un libro leído y marcado hasta la quinta página. Y todas las noches casualmente llega hasta la misma hoja, a modo de repaso, y hasta el sueño vuelto esquematizado vuelve y lo deja relajado en la misma quinta página. Y a esto los hombres cosificados por las conductas llamarían el paso del tiempo pasó una noche más y es una nueva mañana.
Los arquitectos ingeniosos demoraron en lograr adaptarnos, pero por fin lo hicieron. Y la mañana se empieza a ver espesa, porque se parece a algo, y la mente duda de la misma manera que lo hizo ayer, sorprendida por la realidad, asaltada por lo cotidiano. Y uno después no entiende cual es la causa de las tristezas. Esos arquitectos tan ingeniosos, consiguieron meternos dentro del cubo de la no sorpresa. Pero señor, señora, por favor no desesperen, se como deben sentirse, y están dándole un gran gusto a la empresa de estos arquitectos, ellos que quieren distraernos con más de lo mismo. Y eso de más de lo mismo, aunque irremediable a corto plazo, es favorable a la imaginación, pensemos que podemos agrandar el tejido, aunque sólo con un punto más agregado al día. Cuando despertemos tomemos ese vaso de agua y la próxima noche leamos hasta la sexta página. Quizá el excesivo respeto a las costumbres y a los parámetros del bien y el mal es lo que hace suicidar a un hombre, pensemos que a los arquitectos eso les favorece. Es tan tiránica la rutina y tan asustadizo el pasadizo de lo fantástico, que cómodamente optamos por creer que mañana será algo distinto, quizá esté un poco más nublado o el sol arda a 40 grados centígrados, y eso bastará por hacer de nuestro día; ¡el día disparejo!
Ocupaciones fantásticas hacen falta en la concepción del tiempo de esos arquitectos totalitarios, pero la historia de la historia ha temido a la no-realidad, los dirigentes han temblado ante la abstracción de su pueblo. ¡Abstráigase señora, divida el pensamiento, invite a las posibilidades a tomar café!
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