Inefable ternura

Juntos tú y yo vivimos a la vida.

Llena tú de hermosura y yo de amor;

A ti vencido yo, tú a mi vencida.

Nos hallamos por fin juntos los dos.

 

Y como ruedan mansas, adormidas.

Juntas las ondas en tranquila mar.

Nuestras dos existencias siempre unidas.

Por en sendero de la vida van.

 

Tú asida de mi brazo, indifernte.

Sigue tu planta mi resuelto pie;

Y de la senda en la áspera pendiente

A mi lado jamás temes caer.

 

Y tu mano en mi mano, paso a paso.

Marchamos con descuido el poevenir.

Sin temor de mirar el triste ocaso.

Donde tendrá nuestra ventura fin.

 

Con tu hechicero sonreír sonrío.

Reclinado en tu seno angelical.

De ese inocente corazón, que es mío.

Arrullado al tranquilo palpitar.

 

Y la ternura y el amor constantes.

En tu limpia mirada vencer arder.

Al travéz de dos lágrimas brillantes.

Que temblando en tus párpados se ven.

 

Son nuestras almas místico ruido.

De dos flautas lejanas, cuyo son.

En dulcisimo acorde llega unido.

De la nocje callada entre el rumor.

 

Cual dos suspiros que al nacer se unieron.

En un beso castísimo de amor.

Como el grato perfume que esparcieron.

Flores distantes y la brisa unió.

 

¡Cuánta ternura en tu semblante miro!

¡Que te miren mis ojos siempre así!

Nunca tu pecho exhale ni un suspiro.

Y eso me basta para ser feliz.

 

¡Que en el sepulcro nuestros cuerpos moren

Bajo una misma lapida los dos!

¡Mas mi muerte jamás tus ojos lloren!

¡Ni en la muerte tus ojos cierre yo!

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