III
Como liendres se cuelgan de mis cabellos
cada una de las ilusiones que se decoloran
y tiñen de blanca experiencia mi melena retinta.
Se avergüenza cada palabra
que tímida expresa una pérdida,
difícilmente se oculta en el camuflaje
de un lenguaje educado,
se esconden como los pétalos
de esa rosa amarilla que no desea ser
el sol de un amor ya muerto.
Ciegamente, mis pensamientos la siguen;
perdido, como un sabueso sin olfato
que busca tu pista, tu olor a mujer fecunda,
a ninfa bañada de flores y almíbar
vestida con la desnudez limpia de la ternura.
Difícilmente se puede huir
de ese canto de sirena,
que son los gemidos de la reina
en el lecho de una entrega.