Huelgan las presas de la constante matanza que saluda los nuevos amaneceres incesantemente por todos los días. Van de fila en fila hacia las bocas, rojas, jugosas de sangre las deliciosas carnes de los cadáveres que ya son bocados para civilizados comensales. Corre la sangre imaginariamente sobre verdaderos y albos manteles huesos aserrados que serán basura carnes, delicadeses, manjares de incansables paladares con dientes-muelas-lenguas bailando tan bella danza que convierte en polvo a los inocentes. Entra molido el animal al mismo tiempo en distintos estómagos parte de este será basura y la otra... más animal, que nunca.