Perdido faro de las colinas prendió la lámpara,
tu luz me enceguece, déjame llevarle al mar
donde con ella iluminarás esta historia de un
amor llamado tiempo, que nunca fue comprendido por mí.
Días de lluvias y refucilos, huracanes y tornados.
Mareas altas desbordando la costa, golpes fuerte;
olas chocando contra mil rampas, atrapadas sin poder salir,
así me siento yo, a dedicarte mis poesías, querido tiempo,
querido amor.
Tu voz, tu voz es el infinito rodeado de la humanidad.
Tus ojos, tus ojos dos sicarios apuntando al criminal;
Porque a cada quién le llegará su hora y tus miradas
las van a juzgar.
Tu pelo, tu pelo, duro, seco y opaco,
trenzas atadas a tu porvenir,
golpeando a los caballos,
galopeándolos a la lejanía.
Tus manos, tus manos...
agarrando a mi más preciado amor;
¡Déjala no me la lleves, con ella quiere vivir mi pasión!.
Pasión prohibida para tu cuerpo, pasión prohibida por los demás.
Pasión sin medidas, quiere tocarla, quiero abrazarla;
¡Déjame que me pertenezca!.
No quiero robarle, quiero darle.
No quiero pedirle, quiero brindarle.
Quiero amarla por la eternidad.
Barreras, tiempo, barreras,
no me dejan.
Y las horas se hicieron hechizos,
los minutos, hierbas de mal amargo,
los segundos, partículas rodeando el aire;
¡Gusto agrio, eternos momentos robados!.
Los días interminables, angustia... qué de rápido
crecerá.
Las semanas, fueron tibias, al calor de tu cuerpo
me resignaré.
Los meses fueron años,
Los años fueron mi eterna condena que no te pude disfrutar.
Los momentos se fueron achicando convirtiendo mil semanas
en unos segundos.
La tuve agarrada, de mi mano con fuerza la tuve que soltar,
era inevitable que vos no llegaras, no te la lleves, déjamela.
Y te fuiste llevándotela como un remolino,
enredado con mi preciado objeto... ya sin poder respirar.
Volverías por mí, no te iba a dejar ganar.
En ese entonces... decidí quitarme la vida.
Desafiando todas tus leyes, con mi muerte te vengué
a vos querido tiempo, a vos querido amor.
Solo a vos mi preciado objeto.
Mi luz entre tanta oscuridad,
mi sangre corriendo en tus venas.
Mis latidos fuertes no pudieron callar
todas nuestras horas de dedicadas
el uno para el otro.
Nuestros minutos rodeados de amapolas brillando con el sol.
Nuestros largos segundos duraderos,
infinito para nuestra pasión.