Hermosa ermitaña mía...

Hermosa ermitaña mía,
Qué causa que te ame tanto bajo está luna caliente.
Porque no sé porque te veo a cada rato, en mis historias viajeras
Que llenan el espacio de la estática hoja.

Oye, amarilla y agitada color rosa,
Cómo se desciñe de pronto la primavera entre tus cantos dolidos,
Que ruedan por el viento, como una nuez que  cae de un nodal.

Amar, y desear; esas son las palabras que justamente nacen al sentirte lejana.
Y una honda tristeza me colma el alma hasta fugarse por mis ojos,
Como destellos nostálgicos de este bote inundado.

Que se conduce río abajo,
Y es una cascada de cristal.
Que no para hasta verte,
Entonces hoy no cesará.

Nocturna amada, me contagiaste hasta de tu repentina presencia,
Que es como la luna, que se está yendo,
pero al final no se va.
Y llega la noche y la mañana, y el atardece erige entonces,
El punto neutral  donde cesa mi abanico sapiente.

Y amanezco en tus ojos, llorando en ellos,
Y entonces nos inundamos,
O por lo menos así lo siento,
y tengo siempre la misma experiencia,
que no sé, si tú o el horizonte está mas cerca.

-Ah! Qué hora es, amada color rosa, prosa heroica, quimera callada de un instante.

-Es hora de la huida, con esa angustia te silencio con un beso, y nos borramos entre el nocturno amanecer de barcarolas.
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