Haberte Dado Una Semana No Fue Haberte Dado Una Oportunidad


 

 

 

Nunca olvidaré esos siete días,
En que volvió a nacer un nuevo comienzo.
Más temprano que tarde, virgen y pálida,
Me enseñó un nuevo odio, la llama ardiendo.
Y para con la nieve invernal, húmeda y mojada,
Aunque un poco tiznada, el resentimiento.

 

Desde aquel nuevo Génesis noté cómo la tierra,
Completamente, no pudo ser cubierta
Por aquellos granizos que alguna vez en ella
Cayeron, para bañarla desde éste, mi cielo sin estrellas.

 

Y sentado ahí, entre todos esos cuerpos,
Preguntándome por qué se levantan algunos muertos,
O por qué algunos vivos, gracias a otros están despiertos;
Pensando en la bella Shirley, por un demonio poseída,
Me dije que, para ella, ya había bastante poesía.

 

Y al dejar mi poema, noté que de lunes a viernes,
Y de marzo a diciembre,
La espera es más larga que de viernes a lunes,
O bien de marzo a octubre.
Entonces ¿por qué no hacerlo más rápido?
¿Por qué no llegar resentido y enrabiado?
Si bien he visto que su cuerpo aún no está pálido,
Si bien ellas han dicho que el infierno no es cálido.

 

Antes me gustaban los cuartos pequeños,
Ahora me encuentro atrapado en ellos.
Y piden un poco de compasión para los vivos,
Después de todo, algún sentido humano le queda al vampiro,
Pero hoy probé el gusto de tu desagrado en el vino,
Tu insistencia en que sea retirado todo lo dicho,
Tu deseo incansable por cenar sentada en la otra punta,
Frente a mí; hoy vi la prenda que no había visto antes nunca,
Y nadie la lleva puesta, pero puedo adivinar quién la vestirá después,
Sólo sabiendo que somos el color de nuestra piel,
Sólo viendo que tu nevado bosque está tan sucio como el mío.
Pero hay algo más. Tus árboles incendiados han sido,
Y no por la llama que ardió desde fin a principio
Sino por tu propio destino privado de la inocencia que todos tuvimos,
La misma virginidad que todos perdimos.

 

A ti nada te quiero quitar,
Es a tu creador a quien le quiero robar;
Es a tus dueños a quienes les quiero hurtar tu cuerpo.
Y respecto a tu alma, no hay mejor cliente, creo,
Que el que elegiste para venderla.
Ahora sólo queda una pequeña duda esperando que yo pueda verla
¿No se supone que cuando alguien muere los vivos visten de negro?
Si es así, pues es hora de que la noche cubra tu invierno;
Es hora de mirar en la oscuridad que a tu bosque ha cubierto.
Abre los ojos, estoy para poseerte, no para agradarte.
Ya es ridículo que sigas exhibiéndome el filo de tu colmillo,
Si por más que disimular y esconderlas trataste,
Aquellas marcas en tu cuello delatadas fueron por su propio brillo.

 

No es como si quisiera algo de ti, eres tú lo que quiero.
Y no me causa gracia seguir en este juego,
No quiero a tus dueños, más bien quiero algo de ellos.
Tengo muchas cosquillas, por favor no hagas caso,
Todos somos alguien, lástima que sólo tú seas algo.

 

No te esfuerces más, ya has perdido demasiado,
Es tiempo de que aprendas la lección,
Es hora de que juegues bien tu rol.
Ellas nunca tendrán algo que conquistar,
Porque para ser conquistadas están.
Y no te pueden engendrar si ya has nacido,
Nadie puede buscar cuando es perseguido,
O bien tener algo cuando ya lo ha perdido.
En tu lugar estaría pensando qué sería de mi agrado,

No preguntando si me agrada o no lo que has encontrado.

 

 

 

 

Diego Robles
Regístrarte y comentar el poema

Imprimir

Enviar poema
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar poemas