Un 6 de Abril, durante Semana Santa,
tierras extremeñas, Carrascalejo de la Jara,
un pequeño pueblo cacereño de casas blancas,
levantadas de la mano, con sudor y pizarras.
Un paseo agarrados de la mano,
a Zarzalejo como amantes caminábamos:
fincas, campiñas y eras...
verdes y frescas llenas de ovejas,
que pacen tranquilas en la hierba.
Un arroyo cristalino y límpido;
un lugar idóneo donde reposar,
bañados por la brisa húmeda
de los pequeños rápidos al pasar.
Carantoñas de enamorados,
palabras dulces y miradas tiernas,
un capricho nace de mis labios,
el antojo de flores lindas y aromáticas.
Buscas entre todas ellas
campanillas, tomillos y margaritas
con las más bonitas y hermosas,
en poco tiempo, un ramillete formas.
Observo paciente tus movimientos
verte con tanta delicadeza y sensibilidad,
me conmueve tiernamente...
con fuertes latidos en mi interior.
Tomas asiento a mi derecha
escondo mis ojos cristalinos,
pero tú, cariño, con voz suave...
me haces entrega de las flores
las primeras de un largo camino.
Mis lágrimas no resisten encerradas
y brotan llenas de emoción,
mojando tu hombro en un abrazo
el sentimiento más profundo y,
anhelante de nuestra relación.
Supe desde ese instante
cuanto amor había entre los dos,
si bien somos jóvenes enamorados
en un sentimiento vivo y eterno
lo quisiera tener yo.
No me desprendí de ellas
me costó abandonar el ramo,
hasta que el deseo pidió depositarlo
para que dentro de un tiempo,
con esperanza podamos recordarlo.
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