Duerme, duerme tranquila, nadie te molestará.
Duerme, tengo un sitio especial para ti
donde soñarás con gaviotas al atardecer,
volando juguetonas sobres sus fáciles presas,
con el suave silencio de las olas derramadas
sobre la orilla, desierta, relajada.
Duerme, sueña tranquila, yo cuidaré de ti
como tú hiciste conmigo aquellas tardes de soledad
cuando mis ansias aleteaban nerviosas
pensando en ella, pensando en ti.
Sueña, si quieres, con la ingenua ilusión
de los que esperan despiertos el sueño luminoso
del querer a toda costa, sin remedio,
del falso deseo de lo que se cree inevitable.
Ya no tendrás que buscar hadas, princesas
para mis solitarios cuentos
de inicios tristes y alegres finales,
chispeantes, animadas, mágicas para mí.
No necesitarás esperar que termine
con las frías tareas de superficie hasta que,
harto de la lejana vaciedad de lo cotidiano,
llenabas mi espíritu de locas aventuras
donde yo era tu protagonista.
Ya no, ya no hará falta.
Acuérdate de mí cuando estés en el Paraíso.
¡yo sí que te echaré de menos!
Que la tierra te sea suave, leve.
Que la paz te rodee con sus cálidos brazos.
Que los que te queremos de verdad
nunca olvidemos tu nombre.
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