EVA NO PERECE EN MI VOZ

 

Su canto es apenas sombra de sirena muerta, holocausto de un amor que se debate entre el nacimiento y la muerte…Qué podré decir cuando me veas tocando tu piel de sierpe impredecible, impuro desecho de un abismo sentido mucho antes de nacer…
Ignoro el misterio que ronda tu eterna juventud, tu belleza,  tan pura como los lamentos de un río cansado en busca de nuevas corrientes donde esconder el horror provocado por el engañoso fruto de un jardín  soñado,  flor pasiva e indulgente, capaz de fingir todas  las razone que dieron origen a la intriga de los duendes. Qué pasará conmigo si lloro o canto presintiendo aquellas caricias de los hijos del -cielo…Ingenuo…pero muy elocuente como el pavor silencioso del búho. Tiempo que no acaba de concluir entre pausas agónicas. Dios me hiere o acaricia con su manto de intriga, mientras los ojos que acechan en la oscuridad solo ven la niña que al cruzar la calle deja un surco de lágrima con el fingido propósito de alimentar a los muertos…tiempo que se alarga, imperiosamente tras el misterio que enrostra a la serpiente  su loco afán de niña herida. Eva se sitió perdida en el bosque sexual, en el bosque de ojos tristes, que nunca duerme y solo se inquieta cuando el jaguar roza su piel. Eva muere con el alba y renace en la oscuridad. Su cabellera descansa en el estuario donde un cisne y la imagen que lo asombra vigilan la estatua que crece y se agranda en  la noche, ojo inmenso hacia el abismo donde las niñas frotan su piel mientras se deslizan los rencores hacia nuevas formas grotescas.

 

Regístrarte y comentar el poema

Imprimir

Enviar poema
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar cuentos