


| Escritor: | Aurelio |
| Públicado: | 20/11/2007 |
Añoranzas de un pasado que se perdió,
pasado muerto, trepidante,
pasado reconfortante,
que se cierne sobre mi existencia,
tan artero como un recuerdo,
tan sublime como un lamento,
el lamento de saberlo perdido,
yerto, pero a la vez latente.
Experiencias ingenuas, cálidas,
que revisten de vida mis arterias;
de la vida sólo he hallado miserias,
del recuerdo, la más bella complacencia,
de sentir una divinidad más sincera
ataviada de escuetas condolencias;
llevo miseria en las arterias,
pero no vida en mis experiencias.
En la barca de Caronte me divierto,
y le cuento tantas cosas redescubiertas,
como el fulgor de la noche a cielo abierto,
como las tinieblas solares en el firmamento.
Caronte sonríe, se mofa,
y dirige su barca hacia aquel recuerdo,
que angustiado y nostálgico,
le pedí hace un momento.
Acaece la noche lentamente,
parece extenderse, enrollarse,
desnudarse;
sus cóncavas vestiduras
a la tierra parecen precipitarse.
Y entre sus pliegues,
mi pasado se torna más doloroso,
más agobiante, más rencoroso.
Maniatado, así me encuentro;
maniatado desde dentro,
por aquel pretérito recuerdo.
De entelequia vive la gente,
de musas y esperanzas fatuas los artitas;
resulta curioso que siendo un demente
me deleiten veleidades reminiscentes,
menos en el presente.
Mi sentencia fue dictada hace mucho,
no recuerdo cuándo ni cómo:
esquizoide, así me llamaron,
cuando a la noche sorprendí con mi llanto;
un llanto febril, de estoico quebranto,
un llanto de esencia mal constituida.
Mas nunca es tarde, prepararé mi huida;
junto a Caronte prorrumpiré un ditirambo.
La barca se mueve, se balancea,
en las aguas estígeas teñidas de púrpura;
el sol no existe, la luna está triste,
y un coro de estrellas de excelsa blancura
al cielo dedican cánticos fúnebres.
Entonces, mi pasado renace, se enhebra,
se enrosca, se mueve, se agita y se quiebra.
Mi pasado aún subsiste, perdura.
Crisálida añorada, violácea,
que te yergues frente a la barca,
¿pretendes hundirnos, seducirnos?,
¿te sientes acaso una deidad enfurecida?
¡Yo te invoqué, delirio anhelado!
Yo te extrañé a través de los años,
más allá de la historia y sobre la gente,
aislado de esta civilización inclemente.
Esquizoide eso fui hace mucho,
no sé si lo siga siendo ahora;
quisiera pensar que sí,
quisiera en tu figura amenazadora
encontrar la fatiga embelesadora
que me conminara al sueño eterno.
Ya no soy dueño de mis propios recuerdos,
éstos coexisten en mi fuero interno.
Se entrelazan, me envuelven, me asfixian;
destrozan la barca en que me encuentro,
y Caronte es fulminado ante mis ojos,
estas aguas son la mortaja para sus despojos.
Yo me elevo, como la pluma al viento,
atormentado por viejos recuerdos,
ataviado de ellos, maniatado;
han pasado eones, pero aún los siento.
Carlos Aurelio Díaz Enciso
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