


| Escritor: | bender_carvajal |
| Públicado: | 19/03/2008 |
En el centro de tu cuerpo yace la furia de tu Dios enajenado y tormentoso, catedral condenatoria para quien reconcilia con sus pecados el arrepentimiento y el perdón, sinagoga de todos los verbos y capital de la fe más férrea que redime y condena.
Tu cuerpo con el palacio de tus pechos y las campanas de tu voz, es la conversión del derecho cristiano para amar al prójimo, es el edén de todos los pecados, la serpiente y el fruto, la consagración de Adán.
Me recuerdo sediento en el paraíso de tus caderas en una noche de cacería, al acecho de tu sexo que fui construyendo con los años a mi manera, sin desdibujar más que tu mirada cuando eras tú quien acechaba; porque en la Biblia de tu cuerpo yacen todas las verdades y todos los secretos, y en la cruz extendida de tus piernas, mis piernas crucificaron la sangre en busca de los hijos.
Como si nunca te conociera no dejé nunca de buscarte, y con cada lectura de tu piel desmenuzada por los años y el trabajo, el veredicto siempre fue el mismo: Dios ha parido, en ti, su furia siniestra y su perdón omnipotente, para mí, el hijo no deseado de su fe
(Donde no tenga las manos atadas, en clara y cierta complicidad con tu ausencia, he de llevar este letargo trémulo de no saber si volverás a posar, bajo la insignificante mirada con que te precedo, el brillo carmesí de tus pupilas y el silente-revuelto con que me insultas cada vez que se deshojan sobre mis ojos tus ojos. Más aún, tarde quedarán como pasado las presentes horas, siendo futuro descompartido e inconexo, y que bajo el nidal de los años se pudrirán cual si las raíces del amor, fértiles en tu madriguera, no encontraran la suficiente y clara resonancia de las napas de tu corazón
).
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