Me dejas sin palabras cuando tus manos me desnudan, me habitas tan completamente cuando tus dedos me impregnan. Tus labios se vuelven esencia de durazno y no consigo, ni permito, no deleitarlos tu aroma hace suya mi claridad y las pieles conjugan la infinitud. Entonces aparece tu mirada, aquella tan profunda, tan tuya, tan única, la misma que me enamoró desde que te vi, desde que te encontré. Se que soy a veces untar de silencios mientras por dentro soy un océano de palabras que quiere susurrarte al oído tantas cosas y que aun no se atreve a soltarlo. Déjame seguir aquí contemplando tu piel, siguiendo con mi piel cada palmo, cada espacio de tu cuerpo cada tiempo de tus suaves y apasionantes labios. O despertar esas mañanas, sin tiempos, sintiendo tu calor y tus manos en mitad de la noche acariciando mi piel, así despertar es desparecer y aparecer. Me fascina despertar en tu mirada.