


| Escritor: | albolivar88 |
| Públicado: | 12/02/2008 |
Pareciera un sueño pero no lo es:
un instrumento de cuerda suena
en el martillo del oído
y arranca un eco de uña de luna
que solo se repite una vez.
Un funcionario y su ministro
se agarran por la solapa para danzar
como planetas gaseosos
al borde de sus escritorios,
apenas a un segundo del gran bang.
El estallido me aclara la conciencia
y sin dificultad puedo penetrar a cualquier escala
la dimensión fundamental:
Al principio vibran las cuerdas
como lenguas de colibrí
y le cuelgan babas a los átomos.
De la blanca espuma de la corona solar
se levanta un ejército de ácaros
que vienen a parar a mi colchón.
Se alimentan de la caspa
de mis sueños de eternidad.
Por otro lado, larvas de mamíferos domésticos
me hacen compañía y me lamen los ojos,
y todo ello por un puñadito de croquetas
y unos cuantos ladridos de alegría
que les doy por las mañanas.
Sin embargo, la falsa solidez de las puertas de mi casa
es retada a duelo por la cuadratura del círculo
que se impone sin esfuerzo,
y, sin paredes ni ventanas ni techo ya,
en medio del campo me encierro con llave
y me quedo mirando al cielo
a ver qué veo.
Una bandada de pescados con escafandra
abandona la atmósfera para divertirse a lo grande
-a vista de pájaro galáctico
y comiendo palomitas minerales-
con nuestras guerras y nuestros mercados de valores,
con nuestros ricos y nuestros pobres.
Y mientras tanto Dios...
babea durante una siesta fuera del tiempo
universos que se forman en la comisura de su boca
y que gotean por su extensa barba blanca
formando un coágulo de falsas esperanzas.
De pronto, por un mal sueño quizá molesto,
da un ronquido,
se seca bruscamente con la mano
nuestro universo
y ¡¡Bang!!... se acabó.
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