Entonación de la dulce trova del druida, Que en su sueño se adula y adora, Cuando el sol se oculta entre nubes, Y de descansar llega la hora. Durmiente cerezo de resecos troncos, Donde el muérdago aflora dormido, Dulce es tu fragante gracia de himnos, Y tu recuerdo doloroso es hoy el mío. Ser de luz que aireas los trigos, Y cubres de humedad las verdes praderas, Con lágrimas de rocío hoy te lloro, En el azul bondadoso de mis ojos, tus largas horas. Comprobaras que sin ser yo luz de la mañana, Contigo muero como el sol del alba, Por que al tronco de mi viejo cerezo, El tiempo y la humedad lo han podrido. Mi viejo druida no mueras, Háblame del halcón, amigo mío, No sufras ya trovador y canta, Que mañana yo seré río, . De espartales, cañas y brezos, Están colmadas las riveras, Pero no mueras tú viejo cerezo, O la sabiduría sucumbirá con tigo. Descuida canción del día, Y no sufras cuando me haya ido, En mi seguirá fluyendo la vida, Y mi sabiduría queda contigo. Mirare con ojeriza al paraíso, Y susurrare a los cauces del río, Pues tu eres la mañana, Y con la noche te abras ido. Mi canción a la vida resurge, Y acompaña en su viaje al amigo, Nosotros ya nos veremos, Pues yo también seré río. De espartales, cañas y brezos, Están poblados los ríos, Ahora duerme en paz viejo cerezo, Sueña ilusionado amigo mío.