Encuentro Divino

Cuando la noche cual bellísima señora,
 ataviada con su largo traje negro,          
estrena sus estrellas como  joyas
 deslumbrantes por sus cálidos destellos,

 

el silencio, de este viaje compañero,
que hacia ti voy recorriendo día a  día,  
va llamándome a la hora  de tu encuentro
gritando, sin quererlo, de alegría.

 

Grita, silencio, aunque te mueras!
 Yo a gritar no acierto todavía,
 llorar sólo puedo en este encuentro

que rebosa de amor el alma mía.

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