


| Escritor: | avesolitaria |
| Públicado: | 13/07/2008 |
¿Acaso a un poeta encontré en mi camino?
¿Acaso era un hombre indefenso y herido?
¿Un hombre bueno, con alma de niño...?
Era un hombre, es cierto,
me aguardaba en mi destino.
Era un poeta, lo sé,
me condujo por fantásticos caminos
donde los elfos y los gnomos
jugaban desprevenidos
a enamorar a las hadas
emborrachándolas con vino.
Pero perdí su rastro a la mitad del camino;
me detuve a beber de una fuente y al volver,
vi que ya se había ido.
Quise recuperar al poeta, desprecié al niño
y mi castigo fue tan cruel...
en ogro se había convertido.
Lloré y maldije mi suerte.
Lo acusé de engaño, de haber fingido.
Busqué equivocada al hombre,
que había desaparecido,
sin darme cuenta de que el hombre,
el ogro y el niño, eran el mismo;
sin reconocer mi error, sin saber que yo,
al poeta, en ogro había convertido.
Ahora he vuelto a vislumbrar al hombre;
ahora he reencontrado la inocencia del niño;
el poeta, en realidad, no había desaparecido
y el ogro solo existía en mi pensamiento,
un pensamiento prejuicioso y enloquecido
que me hacía ver el lado malo de las cosas
y me impedía ver el corazón del hombre herido.
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