


| Escritor: | Ynmer |
| Públicado: | 03/09/2007 |
Ya no escuchas el toque de campana
anunciando la hora de comer
te marchaste, amigo, se apagó la llama
que brilló un momento hasta oscurecer.
Ya no te veremos aún muy de mañana
saludando a todo, tu cola al mover
ya no podré verte desde mi ventana
jugando en el patio a todo correr.
Tus largas orejas, otrora aguzadas
ya no han de servirte, dejaste de ser
Washinton, amigo, cuántas madrugadas
no serás reflejo del sol al nacer.
Llegaste una tarde, frígida y ruidosa
y pronto te hiciste parte de mi ser
hoy, que con tristeza contemplo tu fosa
sé que te marchaste para no volver.
Washinton, has sido siempre buen amigo
cavaste muy hondo en mi corazón,
hoy, junto a tu tumba, con dolor te digo:
te tendremos siempre en esta canción.
Lima 1984
|
Imprimir |
Enviar poema |


