


| Escritor: | avesolitaria |
| Públicado: | 12/09/2008 |
En el laberinto entro
y en el laberinto me quedo.
Jugando, jugando, mi vida voy enredando.
Sin saber cómo salir,
sin encontrar por dónde escapar.
De los laberintos me reí
y a los laberintos ignoré.
De las fuerzas del mal me burlé
y en el propio infierno caí.
Me encontré allí con Caín
y hasta el fuego yo probé.
Me abrasé, me confundí,
me sedujo Lucifer...
Os lo juro, me sentí morir.
Y entre dos aguas nadé
y entre cielo e infierno viví,
miserable me sentí,
el oprobio me absorvió.
¿Qué pecado cometí?
¿Qué vicio me trastornó?
¿Qué magia se apoderó
de mi mente corrompida?
¿Qué camino me condujo
directa a mi perdición?
¿Qué fiebre me subyugó
y en delirios me sumió
dejando mi alma impotente,
mi nave, hacia la deriva,
mi corazón destrozado
y mi voluntad perdida?
¿Qué pecado cometí?
¿En que pozo me sumí?
¿Qué castigo amerité?
y ¡qué ingenua sucumbí!
¿De qué placeres creí
hacerme sentir acreedora?
¿De qué mundo imaginario
creí recibir recompensas?
¿Qué ente burlón me engañó
tomándome por sorpresa?
¿Qué íncubo se abalanzó
certero a los pies de mi cama,
me engañó con su mirada
y con su falo me atravesó?
No acierto a entender qué pasó,
qué mi vida desbocó
como caballo asustado,
como yegua en celo herida
escapando en veloz galope
sin controlar direcciones,
sin medir distancias ni obstáculos;
con la mente enmudecida,
ensordecido el corazón,
enceguecida la razón,
alienada, a la sazón.
En el laberinto entro
¿quién me ayudará a salir?
Jugando, jugando, así me voy enredando.
Y no sé cómo escapar
y ya no puedo salir.
|
Imprimir |
Enviar poema |


