El viejo

Sintácticamente castrado para describir,

huye viscoso por entre bosques de espino.

Evita, con poca sabiduría pero con mucha práctica,toooodas las descripciones que se agolpan

amenazantes

detrás de todas la puertas

y de todos los gestos.

 

Semánticamente habilitado,

critica y destruye con maestría

todos los coqueteos e invitaciones

         de mujeres y de historias de a peso.

“Es denigrante

 -dice-

caer en las bajas tentaciones del burdel

y la esperanza”.

 

Sigue huyendo pero él pretende que camina,

anarquista del barrio del amor, de los cuentos

                                                                  y las tramas.

 

Se escapa desnudo

de las flechas y las balas,

de los hombres dignos,

de los triunfos y sus besos.

Nunca miente y se lo cree.

Nunca oculta y perdería en ello

una fortuna

o su mano izquierda.

“Mirarnos es patético”,

clama solo y como un rezo

antes de dormir.

 

Está ortográfica

y metafísicamente negado para creer,

mucho más para crear.

 

 

 


 

 


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