El tiempo iba pasando
como las horas de un reloj sin poder pararlo.
Y no pude decirte tantas cosas que quería que supieses,
ni decirte las veces que quise compartir más tiempo contigo.
Fue una sorpresa inesperada, un cachetazo de la vida,
que me dejó inconsciente, fue de golpe y de repente,
y no pude reaccionar.
Ni tampoco dar vuelta el mundo para volver el tiempo atras,
en donde todo era felicidad.
Es verdad que no extrañamos,
ni le damos el valor a las cosas que queremos,
hasta que un día de repente las perdemos.
O quizás le damos el valor,
pero guardamos cosas que tenemos que decir
para otro día y cuando nos damos cuenta ya es tarde.
Pero ya vez fue tan sólo un segundo,
o tal vez mil instantes,
no lo sé, no me dí cuenta,
pero pasarón millones de recuerdos por mi mente,
me sentí tan impotente,
y acompañado por un verbo llamado tristeza,
que me invadió de pies a cabeza.
Y te fuiste y te acompañé,
Me dejaste y me duele saber que no te volveré a ver,
se hizo de noche ese atardecer de sábado.
y recorrimos el pueblo hasta ese lugar en donde iríamos a descansar,
pero todo se dio vuelta, y yo volví sin querer volver,
y se me volvío a nublar aquel atardecer.
Y no te pude dar el último adios,
ni ver cuando cerraron con llave esa puerta que también estubo abierta para mí.
Y nos quedamos solos,
y no tenía más lágrimas con las cuales
pedirte que regreses,
y el tiempo iba pasando, tu te ibas marchando,
hacia un nuevo mundo en el cual te estaban esperando
aquel coro bello de ángeles que tu nombre iban cantando,
mientras que mi alma se iba marchitando,
y deshojando el último pétalo de amor sobre tu fría caja.
Descansa y cuídame desde donde estes,
has que el cielo pueda a volver a llamarse cielo para mí,
vela mis sueños cuando duerma,
pero no te olvides cuánto fuistes y has sido para mí,
Ni de esos sueños que juntos no pudimos compartir.
Ahora me toca seguir ese camino que una vez
soñé para tí, el cuál no sé si podré concluir,
y se hace difícil sabés;
pero no porque así lo vea,
sino que quiero que regreses y te quedes conmigo.
Pero ya vez fue tan sólo un segundo,
o tal vez mil instantes,
la verdad no me di cuenta hasta el día de hoy,
se hizo noche el día
y me quedé tan vacío,
que no hay nada que pueda ocupar ese lugar,
en el cuál quedan esos hermosos recuerdos tuyos,
junto con aquella bella sonrisa, junto a ese amor
que te tengo, y que jamás podré olvidar...
|
Imprimir |
Enviar poema |
