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El tiempo se detiene en un instante,
todo se para pero yo sigo andando,
veo de aquel reloj brotar unas lágrimas,
a esa madre que pare y en medio de sus contracciones
el trabajo del parto se para;
su bebé no puede nacer, queda atrapado
en un vientre ya inútil, ya infructífero,
en un vientre donde ya no hay nada,
donde ya no queda vida
pues comenzó a expulsarla.
Pero yo sigo andando, continúo mi marcha.
A lo lejos veo un perro que levantó su pata,
junto a una alta farola comenzó a expulsar su meada.
Pero el tiempo detuvo ese líquido úrico
en un chorro suspendido de la nada,
el perro inmóvil, los peatones quietos, la calle en calma.
La vida ha detenido su curso,
el amor ya no llama a ninguna alma,
las parejas en su acto sexual
se han quedado clavadas
los penes erectos conservan su erección indefinida, inalterada,
los orgasmos se congelaron, el placer sin límites se encapsuló
mientras los acontecimientos detuvieron su marcha.
Mientras tanto un par de enanos relataba
cómo ambos cesaron de crecer
mientras la vida había detenido su marcha.
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