


| Escritor: | estela |
| Públicado: | 04/02/2008 |
Presente en mi memoria están los años
en que mi madre sonriente me contaba,
los galantes sondeos de mi padre,
para lograr poco a poco, conquistarla.
Mi madre, una amante de la danza
con sus hermanas y otras, descollaba
danzando cual eximia bailarina
y mi padre tan solo "caminaba"
El seguir el compás de alguna música
mi amado padre, jamás pudo lograrlo,
y recordamos que todas las veces
se reía incesantemente, al intentarlo,
Si nuestro padre no lograba esos pasos
a cambio, pudo ser un músico en la vida,
que escribió maravillas a mi madre,
con la letra sublime de sus poesías.
Ambos nos hicieron amar intensamente
la belleza de la música, su armonía
y todos juntos gozamos plenamente
de la dichosa unidad de una familia.
Las nostalgias de mis días infantiles,
el recuerdo presente de mi infancia,
era escuchar el canto de mi madre
escapándose a través de una ventana,
y al volver a mediodía de la escuela,
solía escucharla mientras me acercaba,
fueran buenos o malos aquellos días,
era un canto su palabra cotidiana
que se elevaba, no me cabe duda alguna,
hasta el cielo, cual si fuera una plegaria
y se mezclaban en mis oídos infantiles,
un tango, un paso doble, una balada
que vibraban intensos, melodiosos,
grabándose en los rincones de mi alma.
Mi infancia luminosa de poemas,
y el canto cotidiano de mi madre,
han quedado impresos en mi alma,
un recuerdo maravilloso e imborrable.
Los acordes armoniosos de una orquesta,
reviven cada instante del antaño,
y me traen raudamente hasta el presente
las vivencias en las letras de algún tango.
Las nostalgias de faroles mortecinos
en la niebla de alguna madrugada,
los tiempos juveniles, la utopía
de aquellos, mis anhelos de muchacha.
Esquinas color sepia en mi recuerdo,
aunque no viví los rincones del porteño,
he caminado sus calles y sus barrios
inmersa en la etapa de los sueños,
porque abrí los ojos a este mundo
en un rincón querido de ese suelo,
y me vibran en la sangre los acordes
que trascienden los espacios y los tiempos.
La intensidad de las letras y su música
el pincel en la magia de Quinquela,
el "Caminito" bordado en el tiempo
el aroma en la flor de "Madreselvas"
Filosofía de la vida del porteño
en muchas de sus estrofas reflejada,
el amor por la música y el baile
y un ritmo vital "La puñalada".
"Taconeando" las calles coloniales,
recordando "La casita de mis viejos"
y sonando en las almas "Cambalache"
en la gneial permanencia de Discépolo.
La mágica armonía de algún acorde,
el rítmico acento de aquel bandoneón
las grandes orquestas donde cada arpegio
llevaba la fiesta hacia el corazón.
La rubia "Mireya" andando las calles
los barrios porteños de aquel arrabal,
viejos almacenes con luz mortecina,
y los compadritos bebiendo en un bar.
Y el tango vibrando melodioso
en la voz como ninguna de "Malena"
el bar de aquella esquina silencios
y un farol alumbrando las veredas.
Viviendo la armonía de esta música,
nos trasladamos vibrantes al ayer
nuestro zorzal criollo, tan querido
!la voz maravillosa de Gardel!
Envueltos en las brumas de aquel tiempo
perdidos en los ensueños del pasado,
y viviendo en el fondo de mi alma
se me agolpan las memoris de los tangos.
Estos ritmos, las milonas y los tangos,
han llegado a lejanas latitudes
embajadores que han viajado por el mundo
produciendo entusiasmo a multitudes.
Esta especial música ciudadana
guarda los anhelos queridos de esta tierra
para mí, hay pocas cosas que la igualen
!es distinta, es única, y es NUESTRA!
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