Entro en su cuarto a purgarme la inocencia. Una piel blanca me espera. Blanca por sortilegio natural, no por pureza. Un cuerpo desnudo, un alma cerrada. Vuela mi boca a sus polluelos, esas rosas florecidas en su pecho. ¡He venido a purgarle la inocencia a mis sombrías nevadas. Busco en ti mi naciente primavera! Sus cavernas se abren a mi ladrón, sin códigos ni frases mágicas y su maestría toda me es mostrada: suave el comienzo. Sacra para mi la práctica; ¡esto es nuevo; me transforma! Y para mi diosa es sólo aburrida rutina. Lluvia de sal baña mi espalda. Un arco iris se hace en mi estómago de tanto bicho multicolor que me nace en este preciso instante. Mi entrega su compromiso mi inocencia su trabajo todo en el purgatorio de su cama. Yo cayendo por mi humana condición; por mi indecisión, por mi anhelo. Ella, cumpliendo. Sin la importancia de mi sentimiento. Ella, una simple flor por muchos olfatos aspirada, a la que mil colibrí ya han besado, pero tan pura para mi. Sin quererlo mi deseo la humilla, con el pago por la seducción piernas de fuego me envuelven a una costilla de ocasión. Pensamientos ajenos vuelan, Se tergiversan en una realidad compartida: dos cuerpos y una habitación. En látex muere mi semilla, Ah, mi primera semilla de amor. Y, así, culmina la entrega de dos cuerpos que se acarician a discreción bajo la orden del demonio del sexo somos dos almas, sin convergencia ni nexo.
Que bella experiencia la de leerte y saberte tan buen poeta con esa clase de letras que se intercambian con el aire que respiro. Impresionantemente excitante y bello poema. Saludos.