


| Escritor: | revasquez |
| Públicado: | 04/11/2008 |
Sin el prisma de la salud
cavilaba mi razón injusta.
Un lecho de muerte me hacía el amor.
¿Será tal mi suerte, que llamo virtud
al comienzo de esta fusta
donde mato a mi razón por tu amor?
Mi mano se asciende. Busca tu mano.
Sólo consigue espacio
que me abriga en este río.
Tu abandono arrancó mi alma. La defiende
un demonio de cabello lacio
que la tomó de unos brazos fríos.
_¡No me dejes ángel de la guarda!
¿Por qué te vas sin el alma mía?_
Cuántas veces repetí este clamor.
Pero el muy cabrón ya no me oía.
Iba entretenido; contando su oído
Me había vendido al peor infierno:
mi amor eterno su fiel olvido.
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