Seguía caminando. El miedo no la dejaba continuar, pero había algo que la impulsaba a hacerlo, algo que la sujetaba y la seguía llevando por aquel oscuro pasillo.
Muerta de miedo cayó de rodillas, sus lágrimas pasaron a ser gotas de sangre. Apretaba sus puños tan fuerte que se hacía heridas. Sus piernas llenas de cansancio no respondían. Pero ella necesitaba seguir aunque fuera a rastras. No podía más, intentó dar la vuelta varias veces, pero no lo consiguió.
Aquel pasadizo, a la vista de un ser humano, podía estar vació, pero sin embargo ella veía sombras, que la hicieron llorar varias veces.
El camino se transformaba en rojo a medida que ella pasaba, parecía no tener fin. Aunque no lo viera, ella sabía a lo que conducía. Pero desconocía lo que había detrás de la puerta con la que ella soñaba. No sabía donde estaba, ni de donde venía. Sus alas cubiertas de plumón empezaron a romperse, cuando ni siquiera las había utilizado. Sin embargo, esto no la preocupaba. Le dolían más sus lágrimas de miedo.
Sus pies de repente, chocaron contra algo, no se atrevía a mirarlo, pues sabía que no la iba a gustar y el miedo la paralizaría del todo. Al final se decidió a mirar, tenía que hacerlo. Un ángel con unas alas rotas yacía a su lado, no tenía ojos pero sin embargo lloraba, tampoco tenía boca pero gritaba. Un charco de lágrimas se hizo con su poder. Al incorporarse, sentía que su cuerpo cada vez, pesaba menos.
Siguió por el oscuro camino, apenas conseguía ver nada, su luz se iba desvaneciendo. Desde el techo se desprendían gotas de dolor, que como ácido la traspasaban. Intento tranquilizarse varias veces, pero no lo consiguió. Caminaba dentro de un gran charco; Toda ella, ensangrentada, seguía en aquel oscuro y estrecho túnel.
Aquel lúgubre camino, aunque corto, no tenía fin; El cansancio pudo con ella, exhausta se dejó caer al suelo, ya no tenía alas y toda ella poco a poco se iba rompiendo.
Sus lágrimas se cristalizaron cuando se durmió en un sueño eterno.
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