EL MILAGRO DE LA VIDA

Mira esa flor silvestre
que mueve presurosa
su tallo ferviente.

 

Mira esa corola de oros
que prodiga sus mieles
a insectos y abejas que liban sus poros.

 

Mira sus pétalos estremecidos
por el viento matinal,
engarzados con brillantes de rocío.

 

Mira como trepita su vida
En un milagro continuo de Dios.
Porque en esta primavera
hay luz de amor en su vida.

 

Si tal hermosura hay
en esta humilde flor silvestre,
si tal pureza existe en esta forma
como es posible que tú no creas
en la beatitud de Dios.

 

Cómo es  posible que digas
que no hay milagros
que día a día se suscitan
en incontenible metamorfosis de amor.

 

¿Por qué? ¿Por qué Señor?
Hay ciegos y sordos
que teniendo ojos no ven
que teniendo oídos no oyen.

 

Como es que habiendo luz
viven en la oscuridad,
habiendo paz, viven en la guerra,
habiendo amor, viven en el odio,
habiendo cielo, viven y se arrastran
en el lodo.

 

Mira en el árbol, al celaje
a las nieves eternas,
que moran en las montañas,
a la mar que se nutre de misterios,
a los ríos que cantarinos alaban a Dios.

 

Mira, que la naturaleza y sus elementos
se renuevan en la vida y en la muerte.
Nacen y mueren, cambiantes de forma,
constantemente estallan en perenne
manifestación de amor.

 

Es el milagro constante de la vida
que tú no has podido ver,
que no has podido sentir,
que no has podido vivir,
porque tú estas muerto
A la vida de la gracia y del amor.
                           Enrique Reyes Ramírez.

 

 

 

 

 

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