Que quería ver también como nosotros
y quería, me cuentan,
el carnaval de estrellas en la boca
y quería ocupar mi sombra
y más y más.
Es que quería ver, dicen,
las novedades de la carne
y comprender el infinito entre las piernas.
Y esperaba, las apariciones de la virgen
rebosante de esqueleto y envuelta en máquinas,
y no le podía ver, ni estas apariciones ni las otras
por que se quedó en silencio de las manos
y caliente de las fiebres
de las torpezas
que le dejan andando silente
con hambre
y en dirección a cualquier casa.
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