El huésped.

Algún día

visitarás la vieja casa,

por que inevitable es

el ascenso en los peldaños

de la mansión del odio.

 

Sin afanes

ni graves filosofias,

llegarás al cuarto

de los cadáveres afilados,

y reirás con acento

de ángel o de bestia

(oco importa),

al descubrir

tu vocación de crimen.

 

Solo que

para guardar las apariencias,

te dirás que nunca es tarde

para quebrar una luz

en la claridad del alma.

 

Si piensas que todo es posible,

hasta el retorno,

otra medida

ritmará en tu sangre,

y solo entonces habrás perdido

eso que llaman inocencia.

 

¡Bienvenido

querido huésped!

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