


| Escritor: | Andres_Adegan |
| Públicado: | 11/07/2007 |
Tras el grillo que se aloja en tu silencio lógico,
espero más de la magia que se amamanta en el sinfín de lo posible.
Paseando en primaveras de otra carne
las nubes reposadas en lo inimaginable,
se enroscan a los tobillos del infinito indómito
que queda imborrable
en tus pupilas cenicientas.
Desplazo tu cálida naturaleza de estrella silvestre
a través de los violínes de la tarde,
que caen y se agitan en notas de lucero silente,
al poniente de la alegría que aún se abraza
a tu sinfónica memoria,
dulce heredera de mí sonrisa.
Ven hoy a pasear con el fauno migratorio de mi alma inmensa,
y despídeme de tu silueta cósmica.
Ángel,
animado en pétalos de mi paciencia,
despídeme en silencio y quítame la vida en el pináculo de tu pecho sin fín.
Canta el grillo en lo que muere cantando
y se cincela el último suspiro que se desvela al viento entero.
Inmensidad,
abrázame con tu noche de antaño madurada por noveleros,
y cobíjame con tu armonía láctea
hasta el bostezo de los arreboles en su peregrinaje.
Silueta,
endulzada con todos los llantos y rayos de luna,
quisiera vivir para nutrir lo pasajero, paseando bajo el cielo acrisolado,
entre Galileo y la magia intrínseca,
hasta el final,
donde los primeros corales metafísicos de la tarde
se incendian al horizonte de la memoria.
(La Sinfonía de la Luz, 2006)
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