El día que crucé el huracán...
Y si acaso lo que escuché desde niño estaba mal?? ¿¿Y si acaso todo aquello sobre lo cual había construido mi vida, mis principios y mis valores no era del todo cierto?? ¿¿Y si acaso las enseñanza de mi madre, de mi abuela y de mis esfinges sagradas no eran aplicables para mi?? La sola idea me aterraba, por eso, cada vez que empezaba a formarse en mi mente la pregunta, cual tormenta en el horizonte, rápido accionaba todos mis procesos mentales para disiparla
pero ahí estaba, en el horizonte, a lo lejos podía verla, distante, pero cada vez, más cercana
tomando fuerza cual tormenta que se alimenta de las aguas del océano hasta convertirse en huracán incontrolable
ya sabía que un día, en alguna estación de mi vida llegaría con fuerza incontenible, como cuando la madre naturaleza desata su furia y le recuerda a los humanos que todavía no pueden controlarla, con demostración de poder que arrasa y avergüenza la creación, el poder y el intelecto humano, y le recuerda a cada hombre y mujer su fragilidad, su impotencia, se dependencia de ella
Hay hechos postergables, pero inevitables, el problema es que mientras más lo evitas, mas fuerza cobra, mas se concentra el sabor de lo que dejas en la olla, hirviendo a fuego lento
así, un día al realizar mi pronostico meteorológico, la vi
y supe que esta vez nada podría hacer para evitar que la tormenta tocara las playas de mi vida, de tal forma que no tuve mas que afrontarlo, habría una gran devastación, mucho de lo construido caería, muchas de las edificaciones sólo quedarían en sus cimientos, muchos caminos serían borrados y, lo mas grave, estaría incomunicado por algún tiempo
ahora que lo veo a la distancia, y cuando la reconstrucción empieza a mostrar un nuevo rostro de la ciudad destruida y devastada por el paso del huracán
debo aceptarlo, fue un espectáculo majestuoso
las otrora playas tranquilas y serenas, ahora estaban agitadas, excitadas, desconcertadas, aquellas que en un tiempo fueron mis playas de descanso y sosiego, hoy eran un peligro mortal si alguien se atrevía a invadirlas
el cielo, al que siempre miraba y admiraba placentero, con ese azul mágico, pacificador y de ensueño, ahora era una extensión de la noche, con oscuridad densa y profunda, amenazadora y prometedora de cumplir todas sus amenazas
las nubes no fueron la excepción, se movieron con fuerza arrolladora al otro lado del péndulo, mutaron, su metamorfosis fue inversa a la de la oruga y la mariposa, pasaron de mariposa a oruga
de figuras de ensueño a bestias del averno, del blanco radiante al negro asfixiante
y el viento
al que conocía siempre sereno y refrescante, ahora era como un ejercito medieval sediento de conquista y venganza, lleno de sinrazón y locura, golpeaba, destruía, aterrorizaba, arrancaba de cuajo y sin compasión, no preguntaba si lo que estaba destruyendo tenía algún valor, no media las consecuencias, copulaba con la violencia y engendraba destrucción, ebrio de ira se ensaño contra todo lo que había construido por tantos años
¿¿Que puede hacer el hombre cuando se da cuenta que un fenómeno de esta naturaleza se presenta en sus playas??? Lo único que se puede hacer es tratar de sobrevivir, buscar el lugar más seguro, el más fuerte, aunque sea un pedacito, chiquito, lo importante es que resista a la tormenta, y esperar, imaginando el daño que en ese preciso momento se está causando, oyendo la devastación e imaginando que es lo que al final va a resistir y que es lo que va a caer, lamentándose el no haber hecho cimientos más profundos en algunas construcciones y sintiéndose aliviado por haber reforzado algunas otras
La llegada de la tormenta fue paulatina, los emisarios de la lluvia, las olas y el viento, se aparecieron tímidamente, como quien sabe que ha llegado a causar una pena
mientras pude, estuve a la intemperie, hasta el último momento que las circunstancias me lo permitieron estuve contemplando aquello
tratando de verla a los ojos, tratando de buscar su rostro, tratando de decirle: yo sé lo que tu vas a hacer, pero también quiero que tu sepas lo que yo voy a hacer
yo, yo voy a sobrevivir, podrás destruir todo lo que he edificado, pero yo, yo voy a sobrevivir, y volveré a construir, volveré a cavar, a pintar, a decorar, a martillar
volveré a hacerlo, y al final, no me habrás vencido
.
Ahí estaba, la gran tormenta
la gran pregunta
¿es ésta la vida que siempre quise vivir? ¿es la rutina y la sinsazón mi destino irremediable? Y en el centro del huracán estaba otra pregunta, que nutria todo lo demás y que, para ser franco me tomó por sorpresa y por lo tanto tuvo el efecto del golpe que no esperas
¿es verdad lo que me han dicho de Dios? ¿es verdad que Dios es el viejo aquel arbitrario, amargo y amargante, que espera juzgar en la eternidad lo que hagamos en la temporalidad?? ¿es verdad que todos, salvo unos cuantos elegidos estarán por la eternidad, por los siglos de los siglos experimentando por siempre y siempre los más terribles castigos?? Y cómo suele suceder, alrededor de algo grande giran muchas cosas pequeñas, pero no menos importantes
mil preguntas relacionadas llegaron al mismo tiempo, lluvia de meteoritos que iluminó la noche, brindando un espectáculo soñado, pero devastando el lugar donde cayeron
quizá cada una no era tan fuerte, pero todas en su conjunto, eran enjambre de abejas insaciables
envalentonadas por presentarse en medio de la tormenta
.
Y entonces, se fue la luz, todo quedó en tinieblas, los postes, conductores de aquella energía que iluminaba todo, que energetizaba todo
cayeron
no resistieron, de hecho nunca había meditado cuán frágiles eran
fueron los primeros en caer, y con ellos, cayó la luz, y se alzó la oscuridad
Los edificios que más me dolieron en un principio fueron las supuestas amistades, los edificios de la amistad, amigos que más que amigos eran compañeros de ideología, miembros del mismo equipo, no eran amigos en el sentido verdadero de la palabra, la verdadera amistad no es una palabra, es una hermandad, que nunca encontré en ese fraccionamiento
Por supuesto aquel que se ostentaba como hermano/amigo y que se derrumbó por no tener ningún cimiento más allá que letras comunes en nuestras vidas, también me dolió (y mucho), y me sorprendió además de todo
me sorprendió porque el edificio decidió no resistir la tormenta, decidió derrumbarse y colocar un letrero que decía: favor de no reconstruir
Hubo edificios que yo no quise reconstruir, es más, decidí terminar de derrumbar, entendí que en el nuevo trazo de la ciudad a reconstruir y en la nueva arquitectura no cabía el diseño anterior
ya no tenía caso ni se podía reconstruir un matrimonio después de todo esto
. Y hay otro que me preocupa y me ocupa mucho, aquél en pleno desarrollo que con el tiempo, estoy seguro, llegará a ser una gran ciudad
Pero entonces me dí cuenta que el viento huracanado, con ira, rabia y furia había desenterrado algunos edificios majestuosos que antes yo consideraba ruinas arqueológicas, reflejo de otros tiempos y otras épocas, esos edificios, esos
no sufrieron ningún rasguño, su base piramidal y solidez permanecieron intactos no sólo ante la tormenta, sino ante un enemigo más artero, permanecieron firmes y majestuosos ante el paso del tiempo
mis verdaderos amigos se hicieron presentes y no necesitaron decir ni media palabra, en su mirada concentraron mil expresiones y me hicieron llegar un mensaje claro y profundo: aquí estoy, mi hermano!!! Siempre he estado aquí
Ni siquiera necesito decir sus nombres, ellos saben quienes son
Estoy en plena reconstrucción, ahora tengo el ánimo renovado, el sol, a quien veo cómo la luz de la razón que siempre acude puntual a su cita, alumbra todos mis proyectos
hay mucho por hacer, estoy plantando nuevos postes de luz, porque los necesito, todavía no sé que Compañía me va a proveer de esa luz y de esa energía, lo que si sé, es que ahora leeré bien el contrato antes de firmar