


| Escritor: | Abigail |
| Públicado: | 30/09/2007 |
Ayer me sentía dentro de una caja de titanio, hoy en una caja de cristal.
Sentía que nada podía salir, ni una lágrima, ni un suspiro.
Sentía que nada podía entrar, ni un abrazo, ni una caricia.
-En mi caja de titanio estoy segura.-
Pensaba y lloraba por dentro.
Lagrimeaba hasta quedarme dormida, lágrimas de las que sólo mi almohada sabía de su existencia.
Lloraba queriendo que nadie lo supiera y sintiendo el deseo de un abrazo que la realidad mostraba ausente.
Hoy quizás me sienta mas transaparente.
Transparencia que tiene un costo.
Así como el cristal es transparente , así también, lo es frágil.
Me sigue costando sentir el abrazo, me sigue costando sentir la caricia.
A veces la tristeza que creo rendida a mi esfuerzo soberano por ser feliz, a veces esa tristeza vuelve a reclamar la que cree su patria, su territorio eterno.
Se me escurren nuevamente las lágrimas, el pecho se endurece hasta dejarme sin aliento.
Y la cadena de sentimiento que me desesperan sale a flagelar mi alma.
Son esos golpes los que me reducen a la nada misma.
Son esos golpes los que me entierran.
Son esos golpes los que me hacen sentir que ya nada queda, que ya nada vale, que en definitiva ya nada valgo.
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