![]()
|
Dicho por hecho (A Cuauhtémoc Molina Monroy) .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Lo dicho es hecho de tu ferocidad incauta no sin razón, ni por razón alguna; solo en la rústa inmaterial de tus pasiones debitas sombra de tu existencia dupla.
Que amas, lo sé, pero ¿de qué me sirve? si vos, narcisista, esperas mi revierte de la ilusión que truncas en solevante regla que buscas, sin buscar y cual buscar, descubras.
¿Acaso no afirmaste antes, que el buscar no existe? ¿Por qué entonces cedes al dominio ambulatorio? si era tu edad y mi edad nuestra mejor medida de una utopía copta por lo íncubo de su tri-ba.
Que me amas dijiste y ¿de qué me esgrime? si vos en tu perfecta concepción de simetría consigues que en esta heredad que orbito asiente lo salino de mis imperfectos trinos
sin decantar aquello actual en mi espesura o acaso obvias que al llegar en forma de testigo, no solo atestiguas lo bendito, en lo bendito sino aquella, la mujer que tú ya habías nacido.
Crecí a tu ojo mi simetral manía y vives ya, mi ansia atribulada de hallar en el entorno de mi ojo, ésta, mi probidad evolutiva; pero hilván derroche el de un-mi error tan ciego para tornar a la entropía de tu mutismo-llave
y aquello que hizo en mi, mutis adolecido te hizo a ti causal licuefacción, por lo adhara ejercido y nos montó a ambos, a aquello, lo terráqueo lo que profiere al hombre y al fauno lo disgrega
y en todo ese derroche de vocablo incuestionable se nos dictó para verternos los dos en la cuneta y afrontar por dual, la sed de ser, ambos testigos que se quedó ahí, tan solo en sutileza
y aquella, la ígnea espera, muerta-despierta que atesoramos ambos, desde el chubasco-ocaso ya lo atestigua Dios y lo escarmena al diablo que todo uno, es nuestro amor, concluso y sostenido.
Que carda el Leviatán, cabello a nuestra enmienda y qué yo sigo, sintiéndome mujer en tu costilla y que sea en el momento, más aire que ventilla es crueldad insondable, al egoísmo humano.
El tuyo, por bendito, en tu palabra cierta y sostener por dentro aquello que es tu sabia; el mío, por mediocre y santa hechicería al no aprender de golpe, tu alma compartida.
Lo sé, soy inconclusa, yo misma lo sostengo lo dije siempre, a tu ventura inocua; también dije que aprendía, a verme, y a por cierta enamorada al fin, del hombre a mi diestra.
Y lo vivo y lo viví y lo emergí contigo aquí cerquitas, en mi corazón- cuneta y fue ahí justito, en la escabel banqueta donde perdí el amor, por riña hinco-tenida
Lo sé muy bien, lo vivo en la medida justa y en esta impura y singular gambox-a que es sostener delante, de mi vista aquella la inocua salvedad, tan fría y descubierta.
Extraño, sabes bien, extraño guarnecida; que sé a la soledad, anómala por ello, por ese, el sostenido de este in-tempo mío y al tempo proseguido, que cinas a tu diestra.
Perdona, perdona ya, mi corazón humano que es duro derrocarse, uno mismo en el milagro de saber que amas, lo que te ama en el actuado, sabiendo que al amar, jamás te exoneraron.
Perdona, perdona ya, lo roto de mi vida y esta enseñanza de mi tristeza-humana; que fuiste vos, quien me acompaña toda en Cristo, en sed y en esperanza llana
Sé tú, siendo tú mi humanidad entera y siendo yo, solo egoísmo puro; perdona corazón, que no supiera amarte, como amaste tú a mi Demontre en ello;
que soy lo sé, Murata por lo arisca y soy mujer, tan sólo en tu re-causa y sé por bien, que soy aquello lo bendito que dio a tu alma, costilla por lo tipo.
Perdona amor, perdona ya, mi trífica de errores mira que soy cimera por lo ido, en lo no ido y en grana sincronía de lo druso-divo me nazco aún mujer, mujer por tu asumido.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. Daanroo |
|
Imprimir |
Enviar poema |
